Salud - nunca es tarde ni poco

Óscar Cosavalente Vidarte

1/27/20262 min read

Los desafíos de implementación en tan poco tiempo son enormes, pero importa mucho que la RM 060-2026/MINSA estimula continuidad de la gestión gubernamental. En el contexto peruano, ya es un valor en sí mismo. Las 13 líneas priorizadas retoman agendas previas (anemia, salud mental, cáncer), mantienen foco en las redes integradas y en sacar adelante los nuevos hospitales y centros de salud que ya están listos para ser inaugurados. No se rompe con lo avanzado y podría estimular un mejor alineamiento tanto al interior del MINSA como entre el MINSA y las regiones. En resumen, todo esto contribuye positivamente a fortalecer la institucionalidad.

s

alud: ¡Nunca es tarde!

Debemos felicitar la intención estratégica del Ministerio de Salud de enfocarse en ciertas áreas prioritarias para lo que resta de la actual gestión gubernamental (enero a julio de 2026). Este cambio es positivo, ya que, en los últimos tiempos el sector salud ha funcionado básicamente de manera reactiva. Esto ha debilitado la capacidad institucional y ha dejado sin respuesta cambios urgentes y reformas estructurales necesarias para mejorar la cobertura efectiva, el acceso real y la calidad percibida.

Sin embargo, importa poner mucha atención al método de implementación distinguiendo dos grandes escenarios: Lima Metropolitana y las regiones. En Lima Metropolitana existen hospitales nuevos que funcionan con altos estándares (Niño San Borja, Villa El Salvador) y que se han convertido en referentes en su campo. También, hay mayor densidad de médicos especialistas, mayor conectividad digital, alta demanda espontánea y serios problemas generados por la fragmentación funcional de los servicios (muchos actores, poco orden). En regiones, predomina el déficit estructural de recursos humanos, hospitales y primer nivel con baja resolutividad, capacidad de gestión muy heterogénea. Los nuevos hospitales que funcionan mejor (Jaén, Yurimaguas) enfrentan pérdidas por gobernanza débil y falta de incentivos reales a favor de la buena gerencia hospitalaria y de su rol con el primer nivel.

Las líneas priorizadas representan un esfuerzo valioso de continuidad de política pública. Sin embargo, su impacto dependerá de la capacidad del Ministerio de Salud de diferenciar estrategias de implementación según el contexto territorial, particularmente entre Lima Metropolitana y las regiones, donde las condiciones de oferta, gobernanza y capacidad operativa son sustancialmente distintas. Pretender implementar las mismas líneas con el mismo método desde Lima y las CIGS podrían ser un error técnico serio sin producir aportes reales al cambio estructural que se necesita para ganar en continuidad y complementariedad del cuidado.

Además, si se pone especial atención en fortalecer la gobernanza de los servicios y en medir el impacto real en términos de cobertura efectiva, acceso oportuno y calidad percibida por la población, especialmente en aquellos territorios donde operan hospitales recientemente inaugurados y llamados a funcionar en red con el primer nivel, será posible evidenciar que varias de las líneas priorizadas responden a un mismo objetivo sistémico. En particular, las líneas 2 (anemia), 5 (salud mental), 7 (salud materno-infantil e inmunización), 9 (fortalecimiento del primer nivel y redes integradas con énfasis en enfermedades crónicas) y 10 (calidad y seguridad del paciente) constituyen componentes de una misma lógica de intervención, orientada a mejorar la continuidad y la complementariedad del cuidado.

Ello exige, sin embargo, un mayor nivel de alineamiento intraministerial y de coordinación operativa en el corto plazo, especialmente durante los seis meses restantes de la presente gestión, a fin de evitar implementaciones fragmentadas y maximizar el impacto de las acciones priorizadas.